El baile en la cultura islámica representa un fenómeno complejo y ambiguo, que no se puede evaluar de manera unívoca. Su relación se forma en un triángulo entre las prescripciones religiosas (shari'a), la práctica mística sufí y las tradiciones populares locales. Como resultado, surge un amplio espectro de prácticas: desde el rechazo total en algunos círculos salafitas hasta la elevación del baile al rango de la más alta forma de adoración entre los sufíes. Este contraste se arraiga en diferentes interpretaciones del derecho islámico y la antropología, así como en el interacción histórica del islam con las culturas preislámicas de los pueblos conquistados.
En el contexto del derecho islámico (fiqh), no existe una prohibición directa sobre el baile en el Corán. Sin embargo, los teólogos extraen sus evaluaciones de principios generales y hadices (tradiciones sobre las palabras y acciones del Profeta Mahoma).
Enfoque crítico (makruh o haram): Se basa en hadices que condenan la imitación del otro sexo, la crítica del excesivo mezclado de sexos y las diversiones que distraen del recuerdo de Allah (zikr). Especialmente condenados se consideran los bailes que se consideran como provocadores de excitación sexual (fitna), ya sea ejecutados por mujeres frente a hombres o viceversa. En este contexto, se condenan muchos bailes modernos de pop.
Enfoque moderado/permisible (mubah o halal): Permite los bailes siempre que se cumplan una serie de condiciones:
Intención (niyat): El baile no debe ser pecaminoso o trivial, sino que puede servir de alegría permitida (por ejemplo, en bodas).
Contenido: Los movimientos no deben imitar al otro sexo o ser obscenos.
Contexto: Ausencia de mezcla de sexos, consumo de haram (alcohol), instrumentos musicales que pueden considerarse prohibidos.
Indumentaria: Debe corresponder a las normas del shari'a (avrat cubierto).
Como resultado, en la práctica, en diferentes mazhabs (escuelas jurídicas) y culturas se han formado sus propias costumbres. Por ejemplo, en bodas en países árabes a menudo se baila por separado, mientras que en el Cáucaso o Turquía los bailes mixtos en celebraciones familiares pueden ser la norma.
El sufismo ha creado la forma más desarrollada y sagrada de baile, que es una dirección mística en el islam. Aquí, el baile (a menudo llamado sama', que significa "escucha") se convierte en una práctica espiritual.
Derviches giratorios (tarikat Mevlevi): Se considera al gran poeta persa y místico Jalal ad-Din Rumi (siglo XIII) como su fundador. Según la leyenda, él, al escuchar el sonido de los martillos de los artesanos de la joyería, comenzó a girar, levantando las manos, entrando en un estado de éxtasis místico. El ritual "sema" no es simplemente un baile, sino una liturgia compleja.
Símbolos: La falda blanca (tennure) — el shroud del ego, la gorra alta (sikke) — el monumento al ego. La caída del manto negro simboliza la liberación del mundo secular. La rotación en sentido contrario al reloj alrededor de su eje y en círculo del salón refleja la rotación del universo alrededor de su Creador, la unión con el orden cósmico. La mano derecha levantada al cielo (para recibir la gracia divina), la mano izquierda bajada hacia la tierra (para transmitirla al mundo).
Objetivo: A través del giro rítmico, la repetición del nombre de Allah (zikr) y una música especial, el derviche aspira a alcanzar el estado de fana' — la disolución del "yo" individual en Dios.
Zikr con movimientos en otros tarikats: Muchos brotherhoods sufíes (por ejemplo, Qadiriyya, Naqshbandiyya, Chishtiyya) utilizan en su práctica movimientos rítmicos, inclinaciones de la cabeza o del cuerpo completo, palmadas, que, en términos estrictos, no son bailes en el sentido artístico, sino formas corporales de la devoción que ayudan a concentrarse y elevar la energía espiritual.
Además del contexto religioso, en el mundo musulmán existe una gran diversidad de bailes laicos y semi-rituales, que se remontan a tiempos preislámicos y reflejan la identidad nacional.
Próximo Oriente y mundo árabe:
Baile del vientre (árabe. Raqs Sharqi — "baile oriental"): Se desarrolló en el Imperio Otomano. Originalmente, fue un baile solista femenino, interpretado en reuniones femeninas. En el siglo XIX-XX se comercializó y se interpretó en restaurantes. Entre los teólogos musulmanes, la relación con él es principalmente negativa debido a su apertura y erotización, aunque en la sociedad secular sigue siendo parte del código cultural.
Dabka: Un baile colectivo y energético, muy extendido en el Levante (Palestina, Líbano, Siria, Jordania). Se interpreta en bodas y celebraciones, simbolizando la unidad y la alegría.
Irán y Asia Central:
En Irán existen bailes populares elegantes y fluidos, donde se presta atención principal al movimiento de las manos, la cabeza y la expresión facial. Después de la Revolución Islámica de 1979, los bailes públicos (especialmente los solos femeninos) fueron prácticamente prohibidos como contrarios a la moral pública, pero se mantuvieron en la vida privada de la diáspora.
En Uzbekistán, Tayikistán — bailes vibrantes y acelerados con movimientos característicos de los hombros y las manos (por ejemplo, "Lazgi").
Cáucaso:
Lazinka: Un baile paritario energético y virtuoso de los pueblos del Cáucaso. Muestra agilidad, orgullo, respeto. Aunque a menudo se interpreta en bodas musulmanas, tiene orígenes preislámicos.
Asia del Sur y Sureste:
En Indonesia y Malasia, el islam coexiste con ricas tradiciones locales de baile, que a menudo tienen un carácter narrativo o ritual y no se consideran contradictorias a la religión en su forma tradicional.
Globalización y cultura pop: La juventud en los países musulmanes consume y crea activamente formas modernas de baile (hip-hop, contemporáneo), lo que provoca nuevas preguntas sobre su permitibilidad desde el punto de vista del islam.
Bailes como protesta: En países como Irán, los bailes publicados en las redes sociales se convierten en un acto de desobediencia civil y lucha por la libertad personal.
Crecimiento del conservadurismo: En algunas regiones, bajo la influencia de ideas salafitas, se está produciendo la expulsión de los bailes tradicionales populares como "nuevas innovaciones" (bid'a) o "residuos paganos".
El baile en la cultura islámica no es una categoría estática, sino un campo de negociación constante entre el texto, la tradición y la práctica viviente. Su estado fluctúa entre la "diversión pecaminosa del shaytan" y la cumbre del conocimiento místico.
El sama' sufí demuestra que dentro del islam es posible elevar la práctica corporal al nivel de la alta teología, donde el movimiento se convierte en una oración. Los bailes populares muestran la sorprendente supervivencia de los estratos culturales preislámicos, adaptados al contexto islámico. Y los debates modernos reflejan la dinámica de la búsqueda de la identidad musulmana en el mundo global.
Así, la cultura islámica no niega el baile per se, sino que siempre lo coloca en marcos de significados y límites. Su desarrollo continúa, y el futuro del baile en el islam dependerá de cómo las comunidades musulmanas respondan a los desafíos de la modernidad, logrando un equilibrio entre fidelidad a la tradición, la búsqueda mística y la necesidad natural del ser humano de movimiento rítmico y significativo.
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