Los cagots (fr. cagots, también conocidos como agotes, caqueux, gésitains en diferentes regiones) representan una de las grupos marginales más misteriosos y menos estudiados en la historia de Europa Occidental. Durante casi mil años, desde el X-XI al XIX, existieron en aislamiento en regiones del suroeste de Francia (Gasconía, Bearne, Guyenne), el norte de España (Navarra, Aragón) y en parte de Suiza. Su fenómeno es único: a diferencia de los judíos o los gitanos, los cagots no eran diferenciables etnicamente, lingüísticamente y religiosamente del resto de la población, pero sufrieron una segregación cruel y sistemática basada en un estigma social, whose origen fue olvidado incluso por los perseguidores.
Limitaciones externas y 'impureza ritual'
La discriminación de los cagots tenía un carácter ritual y cotidiano y estaba consagrada en las leyes locales (fors) y en las disposiciones eclesiásticas. Se les obligaba a vivir en barrios separados en las afueras de los pueblos, a menudo detrás de un río o en tierras pantanosas. Se les prohibía:
Casarse con no-cagots bajo pena de muerte.
Tocar la comida en el mercado sin una palanca especial.
Caminar descalzos por la acera (para no 'contaminar' el suelo).
Zanjarse en agricultura relacionada con la tierra, debido al miedo a 'envenenar' el suelo.
Se les permitía únicamente profesiones indirectamente relacionadas con la 'impureza' o la muerte, lo que los acercaba a la casta japonesa de burakumin: la carpintería y la bodegüería (trabajo con madera que ya 'ha muerto'), así como las professions de sang — la trabajo de tejados (debido al uso de pieles de animales) y los sepultureros. Curioso hecho: en muchas iglesias aún se conservan puertas muy bajas específicas para los cagots (también conocidas como porte des cagots), a través de las cuales entraban en el lugar de pie en la pared trasera o en bancas separadas. Se les servía el agua bendita con una pala larga y recibían la comunión por separado.
Hipótesis de origen: desde los leprosos hasta los restos del poblamiento protoindoeuropeo
El misterio del origen del estigma generó muchas hipótesis, ninguna de las cuales es definitivamente demostrada. La historiografía del siglo XIX-XX propuso las siguientes versiones:
Descendientes de leprosos (más popular en la Edad Media): Se creía que los cagots o bien padecían la lepra (lepra) o provenían de personas enfermas. Aunque a menudo no presentaban signos visibles de la enfermedad, se les aplicó todo el complejo de restricciones rituales destinadas a los leprosos.
Restos de visigodos o sarracenos: En la etimología popular, la palabra cagot a veces se derivaba de caas Gott (perros de los Gotas) o canis Gothorum. Se los consideraba descendientes de los visigodos vándalos, herejes o incluso moros, que quedaron después de la Reconquista.
Reliquias del poblamiento protoindoeuropeo: Algunos investigadores modernos (como el historiador Guy Boëche) ven en los cagots descendientes de pueblos autóctonos aquitanos o vascos, gradualmente desplazados y marginados por los celtas y los romanos. Su especialización profesional podría haberse formado aún en la prehistoria.
Victimas de la construcción social: La antropología histórica moderna tiende a creer que los cagots son el resultado de la mitología social. A la sociedad le necesitaba una 'grupo de rechazo', un chivo expiatorio en el que proyectar los miedos colectivos (frente a la enfermedad, la muerte, la diferencia) y fortalecer su propia identidad. Una vez creada la grupo, sus fronteras se mantenían mediante un sistema de prohibiciones y prejuicios.
Emancipación y desaparición
El comienzo del fin del sistema de cagots lo puso la Gran Revolución Francesa. En 1789, los cagots apoyaron activamente las ideas revolucionarias, esperando la igualdad. En 1790 y 1793, el Parlamento Legislativo y el Convention emitieron decretos sobre su pleno igualdad en derechos. Sin embargo, en la práctica, los prejuicios resultaron más fuertes que las leyes. La segregación en la vida cotidiana se mantuvo a lo largo del siglo XIX. La estigma finalmente desapareció solo con la unificación de la sociedad francesa, la urbanización y la Primera Guerra Mundial, cuando en los fosos se borraban las diferencias de estatus y regionales.
Herencia y memoria
Hoy en día, los descendientes de los cagots están completamente asimilados. Su historia se ha convertido en un tema de investigación académica y memoria local. Sirve como un poderoso recordatorio de cómo la estigma social, que ha perdido incluso una comprensión clara de su origen, puede reproducirse durante siglos a través de prácticas cotidianas y rituales, creando un ciclo cerrado de aislamiento. Los cagots no son simplemente un curiosidad histórica, sino un ejemplo claro de cómo la sociedad construye un 'otro interno', cuyos pecados consisten solo en el estado atribuido, y cómo es difícil destruir sistemas de opresión basados no en diferencias reales, sino en mitos profundamente arraigados. Su estudio sigue siendo relevante para entender los mecanismos de formación de prejuicios, xenofobia y exclusión social en cualquier época.
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