Segundo de agosto. Para la mayoría de las personas en el mundo es solo un día más del calendario. Pero para Costa Rica, esta fecha no es solo un punto en la escala temporal, sino uno de los días más importantes y venerados del año. El Día de la Virgen de los Ángeles, o la Virgen de los Ángeles (Día de la Virgen de los Ángeles en español), es una fiesta religiosa nacional que une a todo el país en un impulso de fe, esperanza y gratitud. En este día, cientos de miles de costarricenses, independientemente de su edad y estatus social, se embarcan en una peregrinación a pie de varios kilómetros a la basílica de la ciudad de Cartago para rendir culto a una pequeña estatua de la Virgen María, que cariñosamente se conoce como «La Negrita» — «La Negra». Detrás de esta tradición no solo hay un ritual religioso, sino también una historia centenaria llena de milagros, leyendas y una fe inquebrantable.
Todo comenzó el 2 de agosto de 1635, durante la época de la colonización española. En las afueras de la ciudad de Cartago, que en ese momento era la capital de Costa Rica, vivía una joven pobre llamada Juana Pereira. Según una versión, era una indígena o mestiza, y según otra, una mulata. Ese día, mientras recogía leña en el bosque para preparar alimentos, descubrió una pequeña estatua de la Virgen María con el Niño Jesús en brazos en una roca donde brotava una fuente. La estatua estaba tallada en una piedra oscura similar a la roca volcánica, con inclusiones de grafito y neptunio.
Juana llevó lafindings a casa, pero al día siguiente, al regresar al bosque, descubrió que la estatua estaba de nuevo en la misma roca. La volvió a llevar, pero al día siguiente la historia se repitió. Así continuó durante varios días: la estatua «regresaba constantemente» a su lugar en la roca. Juana contó el milagro al párroco, y él decidió investigar la historia. Tomó la estatua a la iglesia local, pero al día siguiente se encontró de nuevo en la misma roca del bosque.
Este evento se interpretó como un claro deseo de la propia Virgen María de permanecer en ese lugar. Los habitantes locales y el clero lo recibieron como un signo, una indicación divina de construir un templo en ese lugar en honor a la Virgen. Así comenzó la historia de la veneración a la Virgen de los Ángeles, que con el tiempo se convirtió en la patrona de toda Costa Rica. Curiosamente, la estatua se llamó «Angélica» porque el día de su milagrosa aparición, el 2 de agosto, coincide con el día en que la iglesia católica celebra la memoria de la Virgen de los Ángeles (Santa María de los Ángeles).
Con el tiempo, la veneración a la pequeña estatua oscura salió de los límites de Cartago. En 1782, la Virgen fue declarada patrona de la ciudad, y el 24 de septiembre de 1824, después de la obtención de la independencia, fue oficialmente declarada patrona de toda Costa Rica. Más tarde, durante una visita a la país, el Papa Juan Pablo II también la declaró Protectora de las Américas.
La estatua recibió el apodo popular de «La Negrita» debido al color oscuro de la piedra de la que estaba tallada. Este nombre, lleno de calor y amor, habla de la profunda conexión de los costarricenses con su patrona celestial. Se convirtió en un símbolo de la unidad nacional, uniendo a las personas independientemente de su origen y estatus social.
En el mismo lugar donde Juana Pereira encontró la estatua, primero se construyó una pequeña capilla-ermita. Más tarde, en su lugar, se levantó la magnífica basílica Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles. El edificio actual de la basílica, construido en estilo bizantino, fue levantado entre 1912 y 1924. Se convirtió en el santuario nacional principal y una de las iglesias católicas más importantes del país.
Dentro de la basílica, detrás del altar mayor, en el rocamn que se venera, se encuentra la pequeña estatua de la Virgen. Cerca de la basílica brota una fuente santa, cuyas aguas, según las creencias, poseen propiedades curativas. Cada año, el 2 de agosto, aquí se celebra una misa solemne a la que asiste el arzobispo, y en la misa participan funcionarios estatales de alto rango, incluidos los presidentes del país.
Quizás el aspecto más impresionante y emotivo del festival sea la peregrinación, conocida como «Romería» (Romería). Cada año, el 1 y 2 de agosto, cientos de miles, y según algunas estimaciones, hasta 2 millones de personas, se embarcan en un viaje a pie a la basílica de Cartago. La mayoría de los peregrinos comienzan su viaje desde la capital del país, San José, que está a aproximadamente 22 kilómetros de Cartago. Sin embargo, muchos comienzan su viaje desde lugares mucho más lejanos, comenzando su viaje varios días antes del festival.
Ese día, la carretera principal que conecta San José y Cartago se convierte en una zona peatonal cerrada para el transporte. A lo largo de toda la carretera se instalan carpas del Cuerpo de Socorros al Reducto, preparadas para proporcionar atención médica a los peregrinos agotados, así como puestos comerciales donde se pueden comprar alimentos y bebidas. El espectáculo de una enorme columna de personas caminando bajo la luz de las velas y los antorchas es verdaderamente impresionante.
Las personas caminan a pie, otros van en bicicleta o caballo. En la multitud se pueden ver personas mayores, familias con niños pequeños, que se transportan en carros de cochecito. Muchos creyentes recorren los últimos metros hasta la basílica arrodillados como un signo de la más profunda humildad y gratitud.
Los motivos que impulsan a los peregrinos son diversos, pero se pueden dividir en dos categorías principales: la petición de un milagro y la gratitud por un milagro ya realizado. Las personas oran a la Virgen de los Ángeles por salud para ellos y sus seres queridos, por éxito en los estudios o exámenes, por ayuda en la búsqueda de empleo y en la resolución de problemas financieros. Muchos creen que la Virgen ya ha otorgado su misericordia en repetidas ocasiones.
En señal de gratitud por una curación o otra ayuda, los peregrinos llevan a la basílica y fijan a las paredes pequeñas figuras doradas o de plata llamadas «exvotos». Estas imágenes miniaturizadas simbolizan la parte del cuerpo o la situación que ha sido curada: pies, manos, corazones, riñones, así como figuras de casas, coches o incluso certificados escolares. Esta antigua tradición, que se remonta a los tiempos pre cristianos, es un testimonio vivo de la fe y la esperanza popular.
Además, los peregrinos se llevan agua del manantial sagrado de la basílica. Se cree que esta agua posee propiedades especiales que ayudan en el curación. El agua se distribuye gratuitamente, pero, como en cualquier gran festival, alrededor de la basílica hay un comercio animado: se pueden comprar recuerdos, réplicas de la estatua, iconos, así como alimentos y bebidas.
El Día de la Virgen de los Ángeles en Costa Rica es mucho más que una fiesta religiosa. Es una manifestación vibrante de la identidad nacional, un fenómeno cultural que une a los costarricenses de todas las clases y edades. Es un día en que se eliminan las fronteras sociales y todos se convierten en una familia unida en un objetivo común. Es un viaje no solo a la basílica de Cartago, sino también adentro, hacia los orígenes y la fe. Es una tradición que sigue viva y se transmite de generación en generación, haciendo a Costa Rica una nación única en el corazón de América Latina.
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