16 de junio — una fecha que aún no está marcada en rojo en la mayoría de los calendarios. No se habla de ella en las noticias, no va acompañada de felicitaciones grandiosas ni de descuentos en supermercados. Y, sin embargo, este día existe. El Día Internacional de la Salud Mental de los Padres no es simplemente una oportunidad más para marcar una casilla, sino un intento de llamar la atención sobre un problema del que se suele callar. Mientras discutimos sobre berrinches infantiles, programas escolares y planes financieros, los padres se encuentran cada vez más solos con su agotamiento, ansiedad y depresión. Y este silencio es lo más terrible que les ocurre.
Durante siglos, se ha impuesto a los hombres ser fuertes. No quejarse, no llorar, no mostrar debilidad. Ser una roca, una pared, un apoyo, pero no un hombre. Este tabú cultural está tan profundamente arraigado en la conciencia que incluso hoy, en la era de la psicoterapia y la autoayuda, la mayoría de los hombres prefieren soportar en silencio, pero no hablar. Temen ser vistos como débiles, perder el respeto, destruir la imagen del «verdadero hombre».
Pero el precio de este silencio es enorme. Según las estadísticas, los hombres acuden a los psicólogos varias veces menos que las mujeres, pero al mismo tiempo, cometen suicidios significativamente más a menudo. Sufren más de alcoholismo y enfermedades psicosomáticas. ataques al corazón, hipertensión, úlceras gástricas: todo esto a menudo tiene una naturaleza psicológica que los hombres ignoran deliberadamente. El Día Internacional de la Salud Mental de los Padres fue creado precisamente para romper este pacto de silencio.
Ser padre hoy en día es complicado. No se trata simplemente de proporcionar un apellido y dinero para el mantenimiento. Significa estar involucrado, sensible, paciente, emocionalmente accesible. Significa encontrar fuerzas después de una jornada laboral de ocho horas para contar historias, hacer los deberes, hablar de corazón. Significa recordar los cumpleaños, las vacunas, los eventos escolares. Significa ser un compañero para la esposa y un amigo para los hijos.
Y, sin embargo, la sociedad sigue esperando que el hombre sea exitoso, ambicioso, ganador. El padre ideal es el que logra estar en todas partes: en el trabajo, en la familia. Pero los recursos humanos no son ilimitados. Cuando uno intenta ser un superhéroe veinticuatro horas al día, la sobrecarga es inevitable. Y ocurre de manera gradual: primero irritabilidad leve, luego cansancio, luego apatía, luego — agotamiento total.
Uno de los principales factores de estrés para los padres modernos es el apoyo financiero de la familia. Inflación, aumento de precios, hipoteca, gastos imprevistos: todo esto cae como una losa. Los hombres están acostumbrados a medir su éxito por el tamaño de su salario, y cuando las cifras no alcanzan el nivel deseado, su autoestima cae. Surge un sentimiento de culpa: «No soy lo suficientemente bueno como proveedor, estoy defraudando a mi familia».
Sobre todo, los padres que quieren estar involucrados, pero están obligados a trabajar horas extraordinarias para llegar a fin de mes, sienten esto con mayor intensidad. Llegan a casa tarde, cuando los hijos ya están dormidos. Se pierden los desfiles de matrícula y los graduaciones, porque no pueden ausentarse. Viven con un sentimiento constante de que defraudan las expectativas de sus seres queridos. Y este sentimiento, lentamente pero surely, se come la psique.
Una categoría especial son los padres que viven separados de sus hijos. El divorcio, el trabajo en otra ciudad o país: las razones son diferentes, pero el resultado es el mismo: la imposibilidad de estar juntos en momentos importantes. Llaman por la noche, envían mensajes, intentan ser útiles, pero sienten que su vida pasa a un lado. Escuchan la voz de su hija o hijo por teléfono, pero no pueden abrazarlos, acariciarlos, ayudarles con los deberes.
Esta forma de paternidad requiere una gran cantidad de recursos emocionales. Hay que ser fuerte para no perderse de control cuando los hijos no quieren hablar. Hay que ser paciente cuando la madre obstaculiza la comunicación. Hay que mantener la esperanza cuando parece que uno ha sido borrado de la vida. Muchos padres en esta situación se sienten impotentes y necesarios. No saben cómo mantener la conexión y a menudo se cierran en sí mismos.
Sin embargo, las investigaciones muestran que incluso la presencia a distancia tiene una gran importancia. Los hijos que saben que el padre los ama y piensa en ellos, incluso si se ven raramente, se sienten más protegidos. Pero para esto, el padre debe mantenerse internamente sólido. ¿Y dónde encontrar esa fuerza si no se tiene acceso a apoyo psicológico y no se puede hablar de sus experiencias?
Desde la infancia, se les inculca a los niños: no llores, no llore, sé un hombre. A medida que crecen, estos niños se convierten en hombres que no saben reconocer sus emociones, ni hablar de ellas. Confunden la ansiedad con la ira, la tristeza con la fatiga. No saben cómo pedir ayuda, porque se considera un reconocimiento de su propia ineficacia.
Este mito destruye familias. Cuando el padre no habla de sus sentimientos, los hijos no entienden lo que les ocurre. Ven solo irritabilidad, aislamiento o explosiones de ira repentinas. Piensan que son ellos los culpables. Y la esposa se siente abandonada, porque el esposo ha dejado de compartir. Así nace una brecha que es difícil de superar.
El Día Internacional de la Salud Mental de los Padres está destinado a recordar: ser humano no es una vergüenza. Pedir ayuda no es debilidad. Hablar de tus miedos, tus miedos y tus dudas es normal. Más aún, es correcto. Porque solo las relaciones honestas con uno mismo permiten construir relaciones honestas con los demás.
¿Cómo saber si al padre le necesita ayuda? Aquí hay algunos signos de alerta que vale la pena notar, incluso a distancia.
Si observas en tu marido, hermano, padre o amigo algunos de estos síntomas, no dejes de prestar atención. Detrás de ellos puede estar un trastorno grave que requiere intervención profesional.
El apoyo no es solo palabras. Son acciones concretas que muestran que estás allí.
Lo primero es la conversación. No tengas miedo de preguntar: «¿Cómo estás?» y escuchar la respuesta. No interrumpas, no desprecies, no des consejos si no te lo piden. Simplemente escucha. A veces, a un hombre le gusta desahogarse para volver a estar bien.
Segundo, revisar la carga. Si ves que el padre trabaja doce horas y olvida de sí mismo, ofrécele ayuda. Tal vez sea hora de asumir algunas tareas domésticas para que tenga tiempo libre para descansar. O simplemente recordar que una caminata en el parque es más importante que un informe a medianoche.
Tercero, tiempo de ocio en común. Crea rituales que ayuden al padre a relajarse. Puede ser ver una película, jugar a juegos de mesa, una caminata con el perro, la pesca. Lo importante es que ese tiempo esté dedicado no a resolver problemas, sino a una comunicación humana simple.
Cuarto, ayuda profesional. Si ves que su estado empeora, ofrece suavemente ir a un psicólogo. Explica que no es una vergüenza, que es como ir al médico por dolores de espalda. Ahora hay muchos formatos: consultas presenciales, sesiones en línea, grupos de apoyo. Lo importante es dar el primer paso.
Cada vez más hombres hoy en día están reevaluando su papel. Quieren ser no solo proveedores, sino verdaderos mentores y amigos para sus hijos. Quieren dejar no solo un legado material, sino también recuerdos cálidos. Quieren que los hijos recuerden su sonrisa, su voz, sus abrazos.
Esto es complicado. Requiere una reconstrucción del pensamiento, el rechazo de los viejos estereotipos. Pero es posible. Y cada padre que se atreve a tomar este camino merece apoyo y comprensión. Su salud mental no es solo un asunto personal. Es un asunto de toda la familia, porque cuando el padre está bien, la casa está bien.
El 16 de junio no requiere eventos a gran escala o regalos caros. Pero este día es un excelente pretexto para acciones simples pero importantes.
Abraza a su padre. Dile que es importante para ti. Pregunta cómo le va realmente. Pasen tiempo juntos sin teléfonos y factores de distracción. Si tu padre vive lejos, llámate, escribe un mensaje largo, envía un mensaje de voz. Haz que sienta que lo ven, lo escuchan, lo aman.
Y si tú mismo eres padre, permítete ser vulnerable ese día. Permítete descansar sin sentirte culpable. Pide ayuda si es necesario. Escribe una lista de lo que te pesa y piensa qué puedes cambiar. Tienes derecho a la debilidad. Tienes derecho al descanso. Tienes derecho a ser feliz.
El Día Internacional de la Salud Mental de los Padres no es solo una fecha. Es un recordatorio de que detrás de cada padre hay un hombre vivo con un corazón que late, que se cansa y se alegra. Es un llamamiento para dejar de dividir a las personas en «fuertes» y «debiles», y comenzar a ver en cada hombre a un hombre que necesita amor, comprensión y cuidado.
Vamos a ser más atentos con nuestros padres. Con los que están cerca y los que están lejos. Con los que se enfrentan con una sonrisa y los que ya no pueden sonreír. Porque el grito silencioso del alma paterna es un grito que debemos escuchar y responder con calor, con palabras, con acciones.
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