Tradicionalmente, la marginalidad (del lat. margo — borde) en la sociología (R. Park, E. Sumner) se entendía como el estado de grupos e individuos marginados a la periferia de la sociedad debido a su incapacidad para adaptarse a la cultura dominante como resultado de la migración o de convulsiones sociales. Sin embargo, en el siglo XXI, la naturaleza de la marginalidad ha cambiado radicalmente. Ya no es solo el resultado de un movimiento espacial o cultural, sino también una consecuencia de transformaciones sistémicas — económicas, tecnológicas, ecológicas. Los marginales modernos no son solo migrantes y minorías étnicas, sino también nuevas categorías sociales que surgen como resultado de la globalización y la brecha digital.
La digitalización ha producido un nuevo nivel de desigualdad que no existía anteriormente. La marginalidad digital es un estado de exclusión del espacio digital que limita el acceso a la información, la educación, los servicios y el mercado laboral.
Grupos en riesgo: Personas mayores, personas de bajos ingresos, residentes en regiones desfavorecidas sin acceso a internet de alta velocidad, personas con baja alfabetización digital.
Desafíos: La pandemia de COVID-19 se convirtió en un experimento global que expuso este problema. Los niños de familias pobres que no tenían acceso a la educación en línea quedaron en una situación de marginalidad educativa con consecuencias a largo plazo. Según la ONU, aproximadamente 3.6 mil millones de personas en el mundo siguen sin estar conectadas, lo que les priva automáticamente de las oportunidades de la economía moderna.
Respuestas: Programas estatales para proporcionar infraestructura digital (proyecto Starlink en regiones rurales), programas de alfabetización digital para personas mayores (Silver Surfers en la UE), desarrollo de espacios digitales públicos (bibliotecas como hubs digitales).
El sociólogo británico Guy Standing identificó al precariado (precariat) como un nuevo clase social caracterizada por una ocupación inestable y no protegida por la legislación laboral (freelance, economía del gig, trabajo de plataforma), la falta de garantías sociales y la identidad profesional.
Características: Repartidores de Delivery Club o conductores de Uber, trabajadores remotos en contratos a corto plazo, trabajadores creativos. Formalmente, están incluidos en la economía, pero se encuentran en un estado de vulnerabilidad crónica y protección social — marginalidad económica.
Desafíos: Falta de ahorros para la pensión, licencia médica pagada, protección sindical. Esto lleva a una «anomia social» y a la inestabilidad política.
Respuestas: Revisión de la legislación laboral (reconocimiento del estado de «empleo» en la UE), creación de sindicatos para trabajadores de plataformas (Freelancers Union), desarrollo de sistemas de carrera de portafolio y educación continua.
El cambio climático ha producido una nueva categoría de personas marginadas forzadamente — personas que pierden su hábitat y medios de subsistencia. Se encuentran en un estado de marginalidad existencial.
Ejemplos: Habitantes de pequeños estados insulares (Tuvалу, Kiribati), a quienes amenaza el aumento del nivel del mar; agricultores del Sahel, cuyas tierras se convierten en desierto; población de regiones costeras del Sureste y Sudeste de Asia, que sufren de inundaciones más frecuentes.
Desafíos: Falta de estatus legal (el «refugiado climático» no es reconocido por el derecho internacional), pérdida de la identidad cultural asociada con el territorio, movimientos internos y transfronterizos masivos.
Respuestas: Desarrollo de nuevas marcos jurídicos (iniciativas para complementar la Convención de Ginebra), programas de reubicación planificada y adaptación local, el principio de justicia climática, que requiere compensaciones por daños de los países desarrollados.
Las sociedades modernas buscan formas no solo de «adaptar» a los marginales, sino de transformar los sistemas que generan exclusión.
Un cambio de enfoque de instituciones especiales para «grupos problemáticos» a la creación de un entorno inclusivo que considere la diversidad. Por ejemplo, escuelas donde los niños de migrantes, niños con necesidades especiales y niños de familias desfavorecidas aprenden juntos en rutas individuales con apoyo de tutores y psicólogos. Esto previene la reproducción de la marginalidad a través de generaciones.
La lucha contra la marginalidad espacial a través de la participación de los residentes de los barrios periféricos en el diseño de espacios públicos. Ejemplo: el proyecto *«Parque en la ribera de una ciudad de 11 millones»* en San Petersburgo, donde la concepción fue desarrollada con la participación activa de las comunidades locales. Esto convierte en lugares de fuerza las áreas marginadas y reduce la tensión social.
La democracia digital: Plataformas para la participación ciudadana (Decidim en Barcelona), que permiten involucrar a aquellos que antes estaban excluidos del proceso político en la toma de decisiones.
Tecnologías financieras (fintech): Banca móvil y microcréditos en África (plataforma M-Pesa) permitieron incluir en la economía a millones de personas que no tenían acceso a bancos tradicionales.
Crowdsourcing y cooperación en plataformas: Creación de alternativas a las plataformas explotadoras en la economía del gig, donde los propios trabajadores poseen la plataforma y distribuyen la ganancia (cooperativa Stocksy United para fotógrafos).
Curiosidad: En Portugal, en 2021, se aprobó una de las leyes más progresivas del mundo sobre el trabajo a distancia, que directamente combate la marginalidad del precariado. Obliga a los empleadores a compensar los gastos de electricidad e internet, prohibe conectar con el empleado fuera del horario laboral y establece el derecho a «desconectar» (right to disconnect), protegiendo las fronteras de la vida privada.
En respuesta a la presión del mainstream globalizado, surge el fenómeno de la marginalidad consciente o voluntaria — la creación de comunidades alternativas (ecocomunidades, nómadas digitales, comunidades éticas). Estas grupos rechazan conscientemente los valores dominantes del consumo y el crecimiento profesional, creando nuevas formas de socialidad en la periferia del gran sociedad, pero dentro de su propia ecosistema sostenible.
Las formas modernas de marginalidad no son una anomalía, sino un producto sistémico del capitalismo global, las revoluciones tecnológicas y la crisis ecológica. Las respuestas a estos desafíos requieren no solo programas sociales puntuales, sino una reevaluación de los principios básicos:
De la santidad del crecimiento económico a la idea de un desarrollo inclusivo y sostenible.
De categorías sociales rígidas al reconocimiento de la fluidez y la multiplicidad de identidades.
De la ayuda paternalista a los marginales al reconocimiento de su condición de sujetos plenos del diálogo social y actores del cambio.
La marginalidad en el siglo XXI ya no es el destino de los «fracasados» y se convierte en un laboratorio experimental de nuevas formas de vida y solidaridad. En última instancia, la capacidad de la sociedad para integrar sus grupos marginales, escuchar su crítica y transformarse bajo la influencia de este diálogo es el principal test de su democracia, sostenibilidad y humanidad. El futuro estará determinado por si podemos convertir los desafíos de la nueva marginalidad en una oportunidad para una profunda transformación social.
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