No es el más grande del mundo, pero se le llama «el más progresivo». No es el más antiguo, pero fue el primero en el mundo en rechazar las jaulas. El Zoo de San Diego no es solo un lugar donde ver animales. Es un lugar donde los animales pueden ser animales. Aquí los leones viven no en pozos de cemento, sino en acantilados que recuerdan a las espadas africanas. Aquí las pandas mastican bambú a la sombra, y las koalas duermen en eucaliptos que crecen justo al lado de sus recintos. Aquí la concepción del zoo ha sido invertida: los visitantes son los invitados en el mundo animal, no los dueños que vienen a mirar las jaulas. Y esta filosofía, establecida desde 1916, ha convertido a San Diego no solo en un zoo, sino en un estándar al que se comparan todos los demás.
La historia del Zoo de San Diego comenzó con un giro inesperado en su destino. En 1915, en la ciudad se celebraba la exposición «Panama-California», y en su marco se creó una exposición de animales exóticos. Cuando la exposición terminó, los dueños de los animales simplemente se negaron a llevarse a sus mascotas, ya que no era racional transportarlas de vuelta. Las autoridades de San Diego se enfrentaron a una elección: destruir a los animales o encontrar una manera de mantenerlos. Así nació la idea de crear un zoo en la ciudad provincial.
En 1916 se fundó la Sociedad Zoológica de San Diego, y en 1921 el zoo abrió sus puertas al público. Desde el principio, se reunió a entusiastas desinteresados que crearon excelentes condiciones para el cuidado de los animales y trajeron nuevos especímenes. Hoy, el zoo ocupa 40 hectáreas en el parque Balboa y es hogar de más de 3700 especímenes de 650 especies y subespecies. Cada año lo visitan más de 4 millones de personas, lo que lo hace el zoo más visitado de Estados Unidos.
Lo que distingue al Zoo de San Diego de la mayoría de los demás es su fundamental rechazo a la concepción tradicional de «animales en jaula». El Zoo de San Diego fue el primero en el mundo en hacer que sus exposiciones sean lo más abiertas posible. Los animales no están aislados de los visitantes por rejillas, sino por zanjas ocultas, lagos y barreras paisajísticas naturales.
En lugar de jaulas, hay recintos amplios que imitan el hábitat natural. En lugar de cemento, hay acantilados, cascadas y vegetación densa. El zoo está dividido en zonas climáticas, desde el bosque tropical africano hasta la tundra siberiana en el verano, lo que permite mantener prácticamente cualquier especie en condiciones lo más cercanas posible a las naturales. Esta concepción de «zoo abierto» ha sido revolucionaria y ha sido adoptada por los mejores zoológicos del mundo.
Una de las características más impresionantes del Zoo de San Diego es su colección botánica. Aquí se han reunido más de 700 mil especímenes de plantas exóticas, incluyendo más de 40 variedades de bambú. Estas plantas no solo adornan el terreno, sino que crean esa misma hábitat natural en la que los animales se sienten como en casa.
Por ejemplo, los eucaliptos que crecen en el zoo son la única comida para las koalas, y el Zoo de San Diego puede presumir de la mayor colonia de koalas fuera de Australia. Y el bambú que cultivan aquí alimenta a los gigantescos osos panda, que son algunas de las estrellas principales del zoo. Más de 6500 especies de plantas no solo mantienen la estética, sino también la dieta de los animales.
El Zoo de San Diego dejó de ser solo un lugar de entretenimiento hace mucho tiempo. Hoy en día, se posiciona como un «centro global de conservación de la biodiversidad» y realiza una misión que va mucho más allá de sus fronteras. La principal meta del zoo es la conservación de especies en peligro de extinción.
Desde 1975, dentro del zoo opera el Centro de Conservación y Estudio de Especies en Peligro (CRES). Aquí se realizan investigaciones y programas de cría de especies raras: gorilas, tigres, jirafas, bonobos, tortugas de Galápagos y muchas otras. El zoo colabora estrechamente con la Escuela de Veterinaria de la Universidad de California en Davis, y solo los graduados de esta institución son contratados para trabajar en el zoo.
merece mención especial el «Zoo Congelado» (Frozen Zoo) — un depósito único de especímenes congelados de tejidos y material genético de especies raras y en peligro de extinción, que existe desde hace más de 50 años. Estos especímenes se utilizan para investigaciones y para el potencial reproducción de especies que pueden desaparecer completamente en la naturaleza.
En 1972, la Sociedad Zoológica abrió el Parque de Vida Silvestre de San Diego (hoy San Diego Zoo Safari Park) — una vasta extensión de 730 hectáreas a 50 kilómetros al norte del zoo principal. Si el zoo principal es un mundo sin jaulas, el parque de safari es un mundo sin barreras.
Aquí los animales deambulan por vastos espacios abiertos, que imitan las sabanas de África y Asia. Más de 3200 animales representan cerca de 400 especies y viven en condiciones lo más cercanas posible a la naturaleza. Los visitantes pueden observados desde una línea de tren monorriel que pasa por varios biomas africanos y asiáticos. Aquí también se llevan a cabo exitosas programas de cría de guepardos, cóndores californianos, rinocerontes y otras especies en peligro de extinción.
En 2026, en el parque de safari se abrió la «Vall de elefantes de Denney Sanford» — el proyecto más ambicioso en los 109 años de historia del zoo. Este inmersivo recinto permite a los visitantes caminar por la vall, mientras que los elefantes están en todas partes.
El Zoo de San Diego no se detiene en el plano tecnológico. Su Laboratorio de Tecnologías de Conservación utiliza inteligencia artificial, aprendizaje automático y los últimos sensores para proteger y restaurar la biodiversidad. Estas herramientas ayudan a monitorear el estado de los animales, predecir su comportamiento y desarrollar nuevos métodos de conservación de especies.
En 2026, el zoo anunció una colaboración con la empresa Illumina para secuenciar genes de especímenes del «Zoo Congelado», lo que debe «extender significativamente la ciencia de la conservación». Esto significa que los datos genéticos recopilados durante décadas pueden ser utilizados para salvar especies que están al borde de la extinción.
El Zoo de San Diego es único no porque sea el más grande o el más antiguo. Es único porque ha establecido el estándar de lo que debe ser un zoo en el siglo XXI. Su concepción no es solo «mostrar animales», sino «crear un mundo donde los animales puedan vivir y las personas aprendan».
Su filosofía se construye en varios pilares:
— Rechazo de las jaulas y creación de recintos abiertos y naturales.
— División en zonas climáticas, permitiendo mantener a los animales en condiciones lo más cercanas posible a las naturales.
— Gran colección botánica, que no solo adorna el terreno, sino que también sirve de alimento para los animales.
— Enfocarse en la conservación de especies en peligro de extinción y la investigación científica.
— Uso de tecnologías avanzadas para proteger la biodiversidad.
— Creación de un parque de vida silvestre donde los animales viven en condiciones aún más amplias.
El Zoo de San Diego no solo muestra animales, sino que les devuelve su hogar. Y en esto radica su principal singularidad. Demuestra que el encuentro con la naturaleza salvaje puede ser no solo emocionante, sino significativo, que el zoo puede ser no un lugar de encarcelamiento, sino un refugio para la vida. Y por eso sigue siendo uno de los zoológicos más queridos y respetados del mundo.
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